martes, 19 de febrero de 2013

La tierra permanece de George R. Stewart o la belleza del eterno retorno



El género de ciencia ficción en Estados Unidos a finales de la década de los años 40 del siglo XX empezó a evolucionar y a tocar temas que ya no se enmarcaban de forma exclusiva en el espacio exterior, la Space Opera, la amenaza alienígena o la ciencia desbocada y sus consecuencias. Hacia 1949 se publicaba una obra que por su originalidad, belleza y argumento se puede calificar de obra maestra del género, la tierra permanece, de George R. Stewart.

George R. Stewart (1895-1985) nacido en Pennsilvania y trasladado en su adolescencia a California tuvo una formación universitaria en filología y ciencias naturales,  ejerciendo de profesor en dichas materias. Tocó en su obra académica la toponímia norteamericana, el origen de los modismos en Estados Unidos, la historia natural y el campo nuevo de una disciplina que a día de hoy es enseñada en la mayoría de los centros universitarios del planeta: la ecología. Stewart escribió tanto para el público especializado en su campo, la filología y la ecología, como para el gran público, publicó ya en 1941 una novela titulada storm que tuvo eco e inició la costumbre de bautizar a los grandes eventos meteorológicos en Norteamérica. La combinación de su formación, su hobby de descubrir Estados Unidos a través de largos viajes y su compromiso con el medio ambiente se fusionaron en la tierra permanece.

La tierra permanece impacta cada vez más al lector al adentrarse en ella. Y no solo por el argumento general; la historia de un superviviente de una plaga que arrasa la civilización humana y que hace que peregrine por unos Estados Unidos de este a oeste en los que la naturaleza va desdibujando la presencia humana, en unos Estados Unidos en los que los pocos supervivientes toman el camino de la locura y la caída final con los despojos de un mundo que no volverá o el de la adaptación, caso del protagonista y sus intentos de salvar lo mejor de la caída del ser humano, de preservar las bases de lo que tenía que ser un mundo equilibrado entre las necesidades de una especie racional y la preservación de su entorno, medio y recursos naturales, sino por el maravilloso proceso creativo de la descripción de paisajes, de lugares, de hacer sentir al lector la degradación del medio urbano, la victoria de la naturaleza tras la derrota de una especie que se dijo a si mismo dominante y hegemónica. 

La novela se nutre de los conocimientos del autor en el campo de las ciencias naturales pero a la vez nos transmite todo un bagaje de antropología, comportamiento social y animal, el inicio del retorno del nomadismo, de psicología profunda y del renacimiento de costumbres consuetudinarias, tribales y de supervivencia del grupo que nacerá, crecerá y sobrevivirá con el protagonista. Y es que Isherwood Williams no es un protagonista esbozado en cuatro pinceladas. Es el centro de la historia pero a la vez es el hombre que va pasando por esa nueva tierra aferrado a la idea de no enterrar lo bueno de la civilización pero sí alejar del nuevo mundo en pequeño que funda con otros lo peor de la civilización. Ve alejarse con el paso de sus años ese mundo que es enterrado cada día, cada semana, cada mes y cada año por la verdadera señora del mundo, la naturaleza.

Stewart dota a su personaje de la capacidad de darse cuenta, ¿maldición?, de lo que se pierde y de lo que surge, de tener que asumir decisiones que en un mundo “normal” hubieran sido una imposibilidad o ejercidas de otra forma por poderes superiores, Estado, sujetas a la moral, la ética, la costumbre, sin que el individuo de forma directa, la masa a la que pertenecía Isherwood Williams, tuviera que administrar o ejercer de forma directa. Esa capacidad de darse cuenta, esa maldición, también entraña de forma inevitable el dolor de todo lo que acontece en momentos determinados de la obra y que es transmitido al lector sin anestesia ninguna, sin ningún tipo de concesión. Stewart no quiere que el lector tenga una lectura con bonismo y malismo, le enseña la difuminada y de matices grises de acciones, de situaciones, de decisiones de personajes y del medio en el que viven sin ahorrarle momentos que lanzan a ese lector a preguntarse qué haría él, cómo resolvería o decidiría sobre cosas y situaciones que hacen depender a toda una comunidad, que son de vida o muerte. En definitiva, le hace tener que reflexionar y preguntarse sobre sí mismo y sobre el concepto de civilización y barbarie.

Si el lector cree que la obra la puede enmarcar en el subgénero de catástrofe apocalíptica sin más está muy equivocado. Stewart realiza un tour de forcé con él para transmitirle muchos conceptos, una visión del cosmos, de la relación inevitable entre el ser humano y la naturaleza y su medio ambiente, en donde resurgen mitos, formas extintas de vida comunitaria, donde la belleza de la decadencia y la renovación de todo por Gaia  y el mito del eterno retorno.

Stewart cuida mucho en la obra desde lo sublime de los paisajes a lo pintoresco de situaciones humanas y de la naturaleza. El asombro y la sorpresa se funden en una tranquila descripción del nuevo mundo hegemónico de la naturaleza. Su San Francisco demoliéndose poco a poco, oxidándose, la evolución de lo cotidiano, de lo que vemos cada día y tiene una función concreta, en nuevas aplicaciones es sorprendente y lógico. 

No sabemos en qué obras literarias pudo inspirarse el autor pero es bueno recordar que hace mucho tiempo Julio Verne hizo una aproximación a ciertos temas que trata la tierra permanece en una de sus últimas obras, El eterno Adán, del que se dará cuenta en próximos artículos.

Leed si podéis la tierra permanece, leed el peregrinaje de Isherwood Williams, sus descubrimientos, su soledad en la multitud de un mundo renacido y su compañía junto con otros solitarios, descubrid ese nuevo mundo. Lleno de maravillas, peligros y eternos ciclos.

Y sobre todo no dejéis de prestar atención a dos compañeros del protagonista, un fiel can, una mujer valiente y fuerte y un objeto, un fetiche.

La tierra permanece de George R. Stewart está publicado en formato libro de bolsillo desde 2004 en España.

domingo, 17 de febrero de 2013

Declaración de Intenciones



El género literario, fílmico, televisivo y de comic de Ciencia Ficción es considerado todavía hoy como un género de escapismo, entretenimiento y sujeto a coordenadas de pura fantasía. Para la mayor parte de la ciudadanía la Ciencia Ficción es ocio. Más allá de ese tópico típico no se pregunta o interesa por el contenido, por lo que los autores del género desean transmitir. La Ciencia Ficción, sobre todo fuera de la cultura anglosajona, es considerada todavía a día de hoy un género minoritario y poco más que para una etapa entre la adolescencia y la juventud. 

Y sin embargo la Ciencia Ficción desde su nacimiento moderno, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, es hija de la necesidad del género humano por preguntarse sobre sus posibilidades de supervivencia y progreso con el advenimiento del triunfo de la ciencia y la técnica, con sus éxitos y fracasos. Nace de la necesidad de elaborar mundos alternativos, mundos ucrónicos, utópicos, distópicos, que ponen al lector, más tarde al espectador, ante preguntas, ante los “y si…” que le plantean autores con bases científicas, en las ciencias sociales y políticas. No es casual que el género de Ciencia Ficción se nutra de mentes que persiguen no solo distraer y entretener sino a la vez hacer reflexionar al lector, al espectador, sobre las paradojas de mundos futuros e incluso disfrazar el actual, o la época en que viven sus contemporáneos con esos mundos tan lejanos pero a la vez muy cercanos. Y todo para proyectar en la mente del público alternativas, soluciones, exposición de peligros por omisión, acción o premeditación de la utilización de los recursos del ser humano y de sus decisiones presentes y futuras.

No hay que olvidar tampoco que el género de Ciencia Ficción antecedió a la prospectiva hoy en día ya reconocida como una disciplina de exploración de las tendencias sociales, políticas y económicas del futuro del ser humano.

La Ciencia Ficción interesa a una mente joven. No importa que esté en su vigor físico de la juventud o en la senectud. Es un género que posee la capacidad de rejuvenecer a quién gusta de ella por la simple razón que aparte de ser para el entretenimiento y el disfrute, ese escapismo necesario, sirve para mantener a nuestra mente ante el reto de imaginar, reflexionar y desarrollar argumentos, prospectivas, posibilidades e hipótesis, hacer que esos “y si…” sean aperturas a múltiples mundos, muchos de ellos posibles, para bien y para mal, en los futuros cercanos o lejanos de nuestra especie.

¿Por qué este blog? ¿Por qué el nombre de Verne y Wells Ciencia Ficción?

El por qué es muy fácil. Este blog tiene como finalidad dar a conocer los autores, las obras y las temáticas del género de Ciencia Ficción en la literatura, la cinematografía, la televisión y el comic. Ese dar a conocer conlleva despertar la curiosidad por el género, hacer crítica constructiva y rendir homenaje a muchos autores que han abierto un nuevo universo de imaginación ligado a la ciencia y la técnica, a las ciencias sociales y a la política.

El por qué del nombe de este blog que tiene por título a los dos primeros autores modernos que iniciaron el género, Julio Verne autor de lo que se consideraba en su época anticipación y Herbert George Wells que era considerado escritor científico y social en su época, es tanto como homenaje por ser los iniciadores del género como por distinguir desde un principio que el género no es solo pura fantasía, que hay mucho, mucho, mucho más.

Espero que este blog sea de utilidad y despierte la curiosidad por el género.

Gracias de antemano a los que lo sigan y difundan.

Alberto García.